Un relato quijotesco de Apel·les Mestres
Un relato quijotesco de Apel·les Mestres
Resumen
Apel·les Mestres (1854-1936) fue un importante ilustrador y dibujante que desarrolló su labor gráfica a finales del siglo XIX y principios del XX. En 1879 fue el autor de las ilustraciones de una edición del Quijote que destacaron por su belleza y el uso del color, muy innovador en su tiempo. Al mismo tiempo, Mestres fue también un significativo escritor de la literatura catalana que cultivó diversos géneros con notable reconocimiento, destacando en el campo de la poesía, fue también uno de los creadores del lenguaje de la historieta. En 1926 publicó un particular homenaje literario a Cervantes, “A Sierra Morena”, un relato en catalán protagonizado por don Quijote y Sancho que recuperamos y presentamos.
1. Introducción
El listado de ilustradores del Quijote es enorme, siendo, con toda seguridad, la novela con una más rica tradición iconográfica en la historia de la literatura universal. Los proyectos que, con el nuevo siglo, se han emprendido con la intención de catalogar este corpus gráfico, y que se pueden consultar en línea
, , recogen el nombre de decenas de artistas que, desde la sensibilidad propia y la de la época, y en el marco de la estética correspondiente, recrearon plásticamente a sus protagonistas en los diversos episodios de la novela. Gustave Doré, Salvador Dalí, Joan Ponç o Antonio Saura, por citar solo algunos de los nombres más venerables, dejaron en la memoria de los lectores su particular mirada sobre la obra de Cervantes, pero junto a ellos, muy populares también fueron − y en algunos casos, lo siguen siendo− las versiones de Daumier, Segrelles, Mingote o Mestres.2. Resultados principales
Apel·les Mestres (Barcelona, 1854-1936) fue un polifacético artista destacado en el panorama del tránsito del siglo XIX al XX. Ilustrador, pintor, caricaturista, compositor, poeta, coleccionista, dramaturgo y narrador
, , fue muy popular y respetado en su tiempo y brilló con luz propia en el rico panorama de la ilustración catalana, que en ese periodo vivió años de esplendor con nombres como Junceda, Cornet, Llaverías o Anglada . Es considerado uno de los padres del lenguaje de la historieta en nuestro país y algunos de sus prototebeos, como fueron sus Cuentos vivos, tuvieron un amplio recorrido comercial, llegando a ser reeditados en fechas recientes .En este contexto, no es extraño que en 1879, Mestres recibiera la encomienda del editor Juan Aleu y Fugarull para ilustrar el Quijote; así lo hizo, en una magnífica propuesta gráfica compuesta por láminas a color a toda página, impresas con la técnica de la cromolitografía, y una amplia serie de viñetas que fueron xilografiades por Francisco Fusté; destacaron algunas de sus arriesgadas e innovadoras composiciones y especialmente sus ilustraciones a color, una verdadera novedad para la época. De forma significativa, y en lo que se refiere al color, cabe señalar cómo “El color en el Quijote” fue el título del discurso de ingreso que Mestres expuso en 1918, cuando entró a formar parte de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona
.Paralelamente a su labor gráfica, Apel·les Mestres fue también un escritor de amplia obra en lengua catalana; surgido al calor del movimiento de la renaixença y encabalgado con el modernismo, cultivó casi todos los géneros literarios, siendo especialmente innovadores sus libros de poemas que, buscando la obra total, él mismo ilustraba. Según se indicaba en un homenaje publicado póstumamente
, fue autor de treinta y cuatro volúmenes de poesía, ocho libros en prosa, ciento dieciocho canciones y sesenta y cuatro estrenos teatrales, muchos de ellos con notable éxito.En 1926 publicó el relato "A Sierra Morena". Lo hizo el 5 de junio en el periódico La Veu de Catalunya
, órgano del catalanismo conservador. Con posterioridad, este cuento se recogió en 1929 en el volumen Tots els contes d’Apel·les Mestres, en la colección Ales esteses, que editaba la Llibreria Central de Barcelona. En 1936, al poco de morir el autor, el editor Josep Janés lo volvió a publicar en el libro La simfonia del silenci, en Edicions de la Rosa dels Vents, Por último, en 1948, la Editorial Selecta lo publicó nuevamente en Tots els contes, dentro de la Biblioteca Selecta.El interés de la cultura catalana por la obra de Cervantes siempre ha sido intenso y los primeros años del siglo XX no fueron una excepción. Como pequeña muestra de ello, dos ejemplos. Por un lado, recordar uno de los títulos de mayor éxito de Santiago Rusiñol, El català de la Manxa, publicado en 1914. La novela retomaba y parodiaba − parodia de la parodia− el modelo cervantino a partir de la figura de un obrero catalán que se exiliaba a la Mancha y pretendía vivir sus fantasías librescas, en este caso, las lecturas de Kropotkin o de Karl Marx, por las tierras manchegas. El otro ejemplo, no tan conocido, fue responsabilidad de Joan Givanel, celebrado cervantista; desde diciembre de 1919 hasta junio de 1920 publicó en el periódico La Publicidad quince artículos de una serie titulada “Excursió per terres manxegues recercant les doctrines quixotesques”. El diario, fundado en 1888, vivió diversos avatares empresariales e ideológicos; en los años en que se publicaron estos artículos de viajes, su talante era conservador y anticatalanista, aunque a pesar de ello publicó los textos de Givanel en catalán. En 1922, La Publicidad pasó a ser una publicación de orientación ideológica contraria y catalanizó su cabecera, pasando a llamarse La Publicitat; el diario cerró definitivamente su trayectoria en enero de 1939, cuando se produjo la entrada de las tropas franquistas en Barcelona y se instauró el nuevo régimen político.
En este panorama de respeto y reflexión sobre la obra de Cervantes, el cuento de Apel·les Mestres se nos ofrece como un elemento más que interesante; en él se nos presenta a un narrador-personaje que, como lo hizo años antes Givanel −o Azorín, o Unamuno, o el propio Mestres−, decide recorrer los escenarios por los que anduvieron tanto don Quijote como Cervantes, o por los que la tradición ha considerado que fueron pisados por autor y personaje; tras adentrarse en Sierra Morena y cuando ya es de noche, se le aparecen el Caballero de la Triste Figura y Sancho Panza.
I
Jesús, Maria, Josep! Anar a Sierra Morena! I tot justament per Puerto Lápiche! −exclama l'hostalera d'Argamasilla d'Alba, aixecant les mans al cel−. Però, senyor, si fins la parella de la guàrdia civil, quan arriba allí, gira cua i se'n torna endarrera!
Totes les exhortacions i esbalecs d'aquella bona dona no aconseguiren enternir-me ni molt menys dissuadir-me del meu propòsit. Havia recorregut Argamasilla, bressol de Don Quixot, i el Toboso, bressol de Dulcinea; havia visitat les ruïnes de la casa del senyor de Quijano −que, segons la tradició, fou el model que prengué Cervantes per al seu heroi− i la casa Medrano −on, també, segons la tradició, estigué pres el propi Cervantes, i en el soterrani de la qual concebé l'obra més meravellosa que ha concebut l'ingeni humà−; havia recorregut l'antic i conegut Camp de Montiel, i saludat, en passar, els famosos molins de vent; havia esmorzat, en companyia d'uns pastors, en el Sotillo − deliciosa prada a la vora del Guadiana, on, segons la ja citada tradició, se celebraren les fastuoses bodes de Camacho−; havia passat, ja nit closa, frec a frec dels fantàstics i sorollosos batans; havia baixat a la misteriosa cova de Montesinos, despertant una nombrosa colònia de rat-penats i altres ocellots nocturns, que, en llur esparverada fugida, arribaren a apagar-nos les atxes de vent que acabàvem d'encendre; i duia el ferm propòsit de no tornar-me'n a casa sense haver recorregut tot l’itinerari que recorregué l’hidalgo manxec, en seves dues primeres sortides. Com podia, doncs, deixar d'entrar a Sierra Morena, passant per Puerto Lápiche, per on havia penetrat l'esforçat cavaller, després de l'aventura dels galiots?
Vaig procurar-me una nova cavalcadura −ja que l'amo del cavall que m'havia servit fins aleshores es negà a deixar-me'l per a aquella nova etapa, en la seguretat que no havia de veure'l− i no trobant guia que volgués acompanyar-m'hi vaig informar-me bé de la ruta, i a la bona de Déu vaig emprendre el camí de Sierra Morena.
Vaig passar per Puerto Lápiche sense trobar més lladre que l'hostaler qui va cobrar-me a pes d'or un parell d’ous que semblaven fregits en tinta, un guisot de conill −que vull suposar que ho era, a causa d'anar per allà més abundosos els conills que els gats−, un tros de pa que semblava suro i un vinet que semblava vinagre, i vaig internar-me a la serra fins que vingué a sorprendre'm la nit.
II
Aquella deliciosa nit de maig ho era, afortunadament, de lluna plena. Vaig descavalcar al peu d'uns roures centenaris i vaig ajeure'm damunt l’herba amb el cor ple d'orgull i el cap encara més ple de fantasies.
Impossible em seria afirmar si vaig estar molt o poc temps somniant despert enmig d'aquella majestuosa soledat, quan va sobresaltar-me la remor de petjades de cavalleries que mesuradament, dret al lloc on em trobava, anaven acostant-se. Vaig redreçar-me; i, engolfat com estava en les meves cavil·lacions −que, naturalment, giraven totes entorn del cavaller de la Trista Figura i el seu inseparable escuder− vaig exclamar en mon interior: «−Si fossin ells!» Al cap de poca estona vegí aparèixer, al peu de la costa on jo descansava, dues ombres que no vaig trigar gaire a conèixer que es tractava de dos homes muntats. El qui anava al davant era una figura alta i esprimatxada i cobria el seu cos una armadura en la qual posava la lluna alguns tocs argentats; empunyava una llança i venia cavalcant un cavall magre i cansat. El qui el seguia era, al revés, rodanxó i de baixa estatura, i muntava un ruc, que em sembla gris −encara que de nit tots els rucs semblen ser-ho.
Vaig aixecar-me d’un salt i plantar-me al mig del viarany per on ells pujaven, i posant un genoll a terra, vaig barbotejar, pres de la més viva emoció: «−Beneït sia Don Quixot de la Manxa, flor i nata de cavalleria errants, famós entre els més famosos, valent per sobre els més valents, espill de paladins, defensor d'oprimits, socors de donzelles, providència de tots els qui pateixen, matador de brívies i deslliurador de gegants, sarraïns i gentussa endimoniada! Beneït sia ell i els meus ulls als quals ha estat concedit el raríssim i immerescut privilegi de gaudir de la seva presència!»
El cavaller deturà el pas a Rocinante, i digué amb veu mesurada:
−¿I en què heu conegut que era jo el qui vostra mercè diu?
−Això pregunteu? Vos coneixeria un atxanti, un malgaix, un patagó, ¿i us sorprèn que us conegui un compatrici vostre?
−No veu vostra mercè el que jo us deia? −interrompé Sanxo−. Tant és cert que d'on hi ha foc sempre en surt fum, i que amén, amén, puja al cel; cobra fama i clava't a jeure, que ço que Déu t'ha donat, ni el diable t'ho lleva!
−Fes-me el favor, Sanxo, de mossegar-te llengua, si pots, i no comenci's d'enfilar refranys com qui enfila grans de rosari.
−Si puc, heu dit? Bé sabeu, senyor, i que geni i figura fins a la sepultura, i que dir veritats no és pecat. I qui no peca, va al cel.
−I bé− vaig preguntar al cavaller, per a deturar l'allau de refranys que ja vaig veure que ens anava a caure al damunt−: ¿Pot saber-se dret a quina nova aventura encamineu ara els vostres passos?
−Aventures, heu dit?- respongué irònicament Don Quixot−. ¿I d'on sortiu vós, bon home o fantasma de l'altre món, qui em veniu a retreure semblants falòrnies? Deixeu-vos de burles, que no és caritatiu parlar de la corda a casa del penjat. El temps de les aventures ja ha passat fa dies, el mateix en aquest món que en els altres.
Vaig meravellar-me de sentir-lo parlar en semblants termes; i després de mirar-lo fit a fit, vaig observar tímidament:
−I doncs, ¿on em deixa sa mercè la incomparable Dulcinea?
−La incomparable Dulcinea és morta de fa molts i molts anys. Va casar-se un dia amb un tractant de bestiar, del qual tingué onze fills (a semblança de la Laura del Petrarca) i va rebentar, penso jo, de ràbia de no poder arribar a la dotzena.
−¿I doncs, ara, quin ideal inflama el vostre cor, guia els vostres passos i arma un braç tan esforçat com el vostre?
−Ideal?− exclamà Don Quixot, brandant el cap de dalt a baix. Voleu saber què és l'Ideal! Una mena de malaltia, un estat morbós, mercès al qual l'home es troba malament en el lloc on viu, l'asfixia l'aire que respira, l'avorreix la gent que el volta i menysprea allò que té, glatint per allò que no té. L'home sa, sa de cos i d'esperit, no pateix d'ideal, s'acontenta amb allò seu i es complau amb els seus, es troba bé a la seva casa, a la seva terra i al seu segle, i no somnia en altres ni n'ambiciona d'altres. El dia que l'home arribi al seu estat de perfecció (si és que mai hi arriba, que no és de creure), l'Ideal haurà desaparegut de la terra, com n'han desaparegut la lepra, la glànola, el mal donat, els mals esperits i tantes altres antiquíssimes malalties que es consideraven incurables.
I dites aquestes paraules clavà els esperons a Rocinante que, malgrat ell, reprengué la seva caminada. Llavors Sanxo, acostant-se'm tant com pogué, va dir-me molt baixet, a cau d'orella:
−No li feu cabal, senyor; el meu pobre amo ja no és ni l'ombra del que era. Com deveu haver comprès... ha perdut el judici!
Però no degué parlar Sanxo tan baix que no ho sentís Don Quixot, el qual, tirant la brida a Rocinante i girant el cap, exclama amb un to que no admetia rèplica:
−T'equivoques, Sanxo amic. Qui va perdre el judici vas ésser tu, anant en la meva companyia. Jo, en canvi, vaig recobrar-lo anant en la teva.
I tocant novament a Rocinante, s'internà en el més aspre de la serra, seguit del seu fidel escuder
.Hemos transcrito el cuento respetando la presentación ortotipográfica de la edición referenciada.
3. Conclusión
El relato muestra, por parte del autor, un conocimiento minucioso de los diversos episodios y escenarios de la novela, nada que sorprenda si uno repasa su excelente y detallada revisión gráfica del año 1879. Así vemos cómo nos evoca pasajes célebres como el de los molinos de viento, las bodas de Camacho, los batanes o la liberación de los galeotes, y también recorre espacios quijotescos como son la cueva de Montesinos, Puerto Lápiche −en denominación azoriniana−, El Toboso o el Campo de Montiel. Y, por supuesto, Sierra Morena. Igualmente, nos ofrece un retrato sugerente de los dos protagonistas, y así descubrimos un Sancho que encadena refranes como cuentas de rosario y, quizás lo más interesante, un don Quijote crepuscular que parece haber renunciado irremediablemente a la persecución del ideal −o el Ideal, tal como aparece escrito en el relato−, un asunto que aparecía con frecuencia en la obra literaria de Mestres.
Más allá de los méritos de "A Sierra Morena", conviene rescatar este cuento por la singular dualidad de Apel·les Mestres, un ilustrador del Quijote que escribió sobre don Quijote, y al mismo tiempo, un escritor que retomó los personajes de Cervantes después de haberlos ilustrado casi cincuenta años antes.
